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Ph: Eugenio Mazzinghi

Texto: Carmen Manresa

Hasta hace algunos meses, esta actriz argentina continuaba con su rutina diaria en Barcelona, donde vive hace dos años y medio. Entrenamiento actoral, castings, ensayos, filmaciones y algo de publicidad para ayudar al bolsillo. Sin embargo, un día su teléfono comenzó a sonar sin parar, sus e-mails se multiplicaron, sumó cientos de seguidores en Twitter y Facebook. Era el fenómeno de “Ni una sola palabra de amor”, el cortometraje del director “El Niño” Rodríguez que se hizo viral en Internet con más de un millón de visitas.

“Enrique, soy María Teresa. ¡Llamame por favor!”, suplicaba la actriz frente a la cámara, interpretando a esa mujer desesperada que dejó numerosos mensajes a su pareja en un contestador telefónico que fue encontrado en el Mercado de Pulgas y que dio origen al corto. Fue este personaje el que le trajo por fin el reconocimiento tras más de una década de trabajo en cine y teatro, trayectoria en la que cuenta con filmes como “Cielo Azul, cielo negro”, de Paula de Luque y Sabrina Farji; “Carne de Neón”, de Paco Cabezas, y “Lo que haría”, de Natural Arpajou.

Su paso por el CBC de Filosofía le permitió conocer obras y teoría teatral que terminaron convenciéndola de que su camino era la actuación. A su breve estadía en el IUNA, le siguieron toda clase de talleres y maestros que fueron abriéndole un espacio en la movida más under.

Andrea está hoy en Buenos Aires grabando la miniserie de Gastón Portal, “Las 13 esposas de Wilson Fernández”, y un pequeño rol en “Fronteras”, serie de Sabrina Farji. Y no para nunca, porque los fines de semana está filmando “Jorge y Alberto”, de Gonzalo y Hernán Quintana, y ya se prepara para protagonizar en marzo próximo “La misma mirada”, de Guido Simonetti.

Todo era cuestión de tiempo y de laburar hasta el cansancio. “Cuando uno tiene el interés y trabajas duro, las cosas empiezan a pasar. Más vale intentarlo y después vemos, y si no sale, es porque va a salir otra cosa, pero no hay que quedarse quieto”, asegura sonriente detrás de su taza de café.

-¿Cuánta repercusión tuvo en tu carrera “Ni una sola palabra de amor”?

Mucha, pero curiosamente los proyectos en los que estoy ahora ya se venían hablando antes del boom de María Teresa. Por ejemplo, estoy en la nueva miniserie de Gastón Portal, que se llama “Las 13 esposas de Wilson Fernández”, porque me había visto en otro corto que hice acá y que le gustó mucho: “Lo que haría”, de Natural Arparjou. En el medio explota lo de María Teresa y fue impresionante, porque yo estaba en Barcelona y me llegaban mensajes, me sonaba el teléfono, recibía setenta e-mails por día, miles de seguidores por Twitter, nunca en mi vida me había pasado algo así. Y yo decía: “¿Qué está pasando?”.

De golpe estaba en Buenos Aires trabajando en esta miniserie, donde estoy súper contenta. Una vez acá, me encontré con el director Guido Simonetti, que me propone hacer el próximo año la película “La misma mirada”. Él también ya me había contactado, porque había visto otro corto que hice. Yo he hecho muchos cortos con gente muy talentosa, que son materiales que después te sirven, porque curiosamente uno piensa que el corto no tiene mucho uso, pero después te das cuenta que si está bien hecho es un laburo súper difícil.

-¿Cómo fue comunicarte con María Teresa y Enrique?

Al principio con “El Niño” Rodríguez decidimos mantenernos alejados, porque no sabíamos qué podía pasar. Nos llegaron mensajes de muchas María Teresa falsas y me asusté un poco, porque no sabía si esta mujer estaba enojaba con nosotros, aunque jamás quisimos revelar su identidad. Nos interesó esa grabación, hicimos ese corto y punto, no queríamos saber quiénes eran ellos. Obviamente fantaseábamos un montón con la historia, pero no queríamos encontrarlos, ellos aparecieron. Primero presté mucha atención a todas las declaraciones que hizo ella en los diarios, revistas y por todos lados. Me acuerdo que mi mamá me contaba dónde había aparecido y me decía: “Tiene muy buena onda, no te preocupes”. Ahí nos llamó Google y nos propuso hacer el primer encuentro virtual con todos los integrantes del corto y estuvo buenísimo. Igual yo hablé antes por teléfono con ella y estaba muerta de risa con lo que había pasado, contenta, y dijo cosas muy lindas, porque habló desde un lugar muy honesto de su historia de amor con Enrique.

-¿Cómo te la imaginabas antes de conocerla?

Lo loco es que yo me imaginaba muchas cosas que eran verdad. Por ejemplo, me di cuenta que era maestra apenas escuché la grabación, por cómo hablaba, y ella me lo confirmó. Y luego nos imaginábamos un poco la personalidad, porque la voz te dice mucho. Ella nos contó la historia, por qué estos mensajes fueron tan insistentes, tan desesperados, en una situación económica tan complicada, y nosotros nos imaginábamos eso también. Lo que sí pensé es que eran más viejos, que la grabación era más antigua y en realidad es del año 95 o 98.

-Después de ver el corto, llama mucho la atención lo distinto que funciona la cabeza de una mujer con respecto a la del hombre.

Y es maravilloso. Pero además de ser distintos, a veces hay desencuentros, porque algo que a vos te importa un montón, el otro no puede sentirlo de la misma forma por mucho que te quiera, no se puede poner en tu lugar porque no te entiende o no entiende esa situación como vos la ves. Por eso la pareja es aceptar un montón de cosas, hay que respetar al otro, no podés querer cambiarlo, es una locura, es absurdo, es el problema más grande que podés tener, eso te lleva a la ruina, como pasa con los celos. No hay final feliz ni con los celos, ni con querer cambiar al otro o con no aceptarlo.

-Parte de estos conflictos del amor se ven también en el corto “Lo que haría”.

Ese corto lo quiero mucho también. Lo pasé tan bien haciéndolo con Natural (Arpajou), que tenía este guión escrito hace años y no había pensado hacerlo hasta que me contactó. Ensayamos dos meses, porque era un monólogo intenso, y un día nos dimos cuenta que habíamos entrado en el personaje y estuvo buenísimo.

-La ausencia y el amor son temas que cruzan ambos cortos. ¿Cómo te enfrentas a estos estados en la vida?

Creo que esos temas son y serán el eje de la humanidad. Por algo todas las canciones, todos los libros, todas las obras y todos hablamos de esto. El arte y otras ramas también hablan del amor y la ausencia, del desencuentro y del enamoramiento, son una condición tan humana. Yo lo experimento cada día, me parece que nunca voy a dejar de hacerme preguntas respecto a estos temas, y todos los días te van pasando cosas que te hacen sentir conectado de maneras diferentes. No sólo hablo del amor de pareja, porque es muy grande y tiene que ver con muchos vínculos que tenemos en este mundo, el rato que uno está con su familia, con su trabajo, con su pareja, con los hijos. El amor y la ausencia se van cruzando todo el tiempo, es inevitable.

-¿Cómo se dio tu participación en la película “La misma mirada”?

El director Guido Simonetti me dijo que quería que yo protagonizara esta película y cuando me contó de lo que se trataba me quebré al medio y le dije: “No puedo parar de agradecerte que me convoques a esto, porque es una película muy dramática, pero está buenísima”. A mí me interesa mucho contar historias que hace falta contar, porque nuestro trabajo también es eso, los actores somos contadores de historias como ésta, sobre mujeres que fueron violadas, con todo lo que les pasa a ellas y sus familias después de un hecho tan trágico. En este caso, la protagonista queda embarazada y el aborto acá no es legal. Entonces, cuando los casos son muy bestiales se vuelven mediáticos.

-¿Cómo te vas a preparar para este papel?

Estoy empezando a hablar con psicólogos y yendo a la Asociación AVIVI, que se dedica a las víctimas de violaciones. La próxima semana voy a tener una charla con una mujer que fue violada y tuvo un hijo del violador y ya me estoy preparando para eso, porque me va a contar su historia y estoy viendo cómo preguntarle, ya que me parece una situación muy delicada, me pone nerviosa, me angustia de entrada. Sin embargo, el entrenamiento actoral te hace ser capaz de emocionarte, pero después poder salir de eso, como un médico que opera y después se saca el delantal, se va a su casa, cena con su familia y se va a dormir.

La adrenalina que me genera es lo que más me gusta de mi trabajo, me hace sentir muy viva. Puedo contar la historia porque me parece que hace falta, porque violan todos los días a muchas chicas, se le arruina la vida a mucha gente y la justicia funciona de una forma bastante particular.

-Puede ser porque los temas de Género siguen muy rezagados en cuanto a las políticas públicas o por lo menos a su aplicación en la práctica.

No se puede creer que estemos tan avanzados en algunas cosas y en otras estemos en la prehistoria. Para este papel voy a hablar con psicólogos porque no quiero poner nada de más ni de menos en las consecuencias en la conducta, ya que tengo que armar quién era esta persona antes y después. El otro tema es la crianza del hijo, que es una relación muy particular. Así que va a ser un poco de imaginación como siempre, otro poco de información y me tendré que sentar a estudiar en estos dos meses que me voy a Barcelona por las fiestas. Aprovecharé de investigar este tema, ver qué aparece en el cuerpo sobre esto, porque lo que lees después lo debes bajar al cuerpo para sentirlo.

 

UN CAMINO EN EUROPA

 

-¿Por qué decidiste irte a España?

Fui a España al estreno de una película en la que había trabajado, que se llama “Carne de neón”, donde hice un papel pequeño, pero el trabajo de composición de personaje y de exposición fue fuerte. Pegué muy buena onda con el director y con bastante gente del equipo, entonces me llamaron para que fuera al estreno en Madrid, y ahí me contacté con una representante que me dijo: “¿Por qué no te quedas y probas trabajar acá?”. Volví a Buenos Aires, donde estaba haciendo una obra de teatro y tenía que filmar algunas escenas para una película, y me empezaron a agarrar ganas de tener la experiencia de vivir allá, ver qué podría pasar.

Me fui en marzo de 2011 y la verdad es que fue espectacular todo lo que pasó. Llegué y filmé una película independiente que me pareció hermosa. A partir de ahí, conocí a mi nuevo maestro de teatro, Javier Galitó-Cava, que hace la técnica de Meisner. A mí me gusta mucho la teoría teatral y había leído sobre Meisner, me parecía muy interesante, pero no había encontrado dónde estudiarla. Acá estudié con todo el mundo, porque Buenos Aires es la ciudad para estudiar y formarte como actor, yo me encontré con maestros espectaculares, aprendí muchísimo, pero esa técnica no la encontré. Cuando me enteré que la daban allá me pareció perfecto y justo me instalé en Barcelona, donde fui a filmar la película, y este maestro daba las clases allá. Entré en ese grupo de entrenamiento, armé una pequeña compañía con algunas mujeres y dirigí mi primera obra.

-La obra “Amorío”.

Sí, la escribí en conjunto con ellas. Fue un trabajo que guié desde el momento cero para que ellas encontraran de qué querían hablar, y de golpe nos dimos cuenta que estábamos todas queriendo hablar sobre el amor. Al final terminamos haciendo una comedia, la gente se divirtió un montón y fue una experiencia buenísima, porque nunca había dirigido y me encantó. Yo había escrito dos obras con un grupo en Buenos Aires: “Susana” y “Maris”, una la hicimos en el Konex y la otra en Matienzo. Había sido una linda experiencia, pero yo ya trabajaba con ellos y escribíamos juntos, pero allá fue un poco fuerte porque era dirigir a actrices que conocía hace poco. Me gustó mucho y me pareció que la dirección teatral es algo en lo que me quiero formar y me gustaría en el futuro dedicarme a eso.

-¿Cómo es tu vida en Barcelona?

Barcelona es una ciudad hermosa por donde la mires, podés acceder a todo el arte que quieras y estoy encontrando ahí un lugar de investigación. Vivo con mi novio, mi experiencia es muy linda, estoy muy enamorada y él es una persona muy abierta. Entreno y voy a castings como cuando partí acá, porque es como empezar de nuevo. Trabajo también en publicidad, tengo una representante que me va consiguiendo cosas y es un complemento para poder vivir. Filmé papeles pequeños en algunas películas y estoy metida en mil proyectos independientes, como siempre.

-¿Tu idea es quedarte allá?

Mi idea es estar con un pie acá y el otro allá, porque ahora me surgieron proyectos muy lindos acá y ni loca me los pierdo. Creo que los actores tenemos que estar donde está el trabajo, es un poco nuestro destino, somos móviles, somos personas nómades, si no aceptas eso es complicado. Me organizo de manera de estar unos meses acá y otros allá. Ahora estoy priorizando estar acá porque están saliendo cosas que me interesan un montón.

Definitivamente tengo mi corazón partido en dos: Buenos Aires me dio mucho y acá tengo mucho para hacer, tanto como allá, entonces es cosa de organizarme para estar un tiempo en cada país. Por ahí hablas con actores que viven en una ciudad y trabajan en otra y de alguna forma lo logran, creo que es cuestión de organización.

-¿Qué posibilidades tenés de hacer televisión acá?

Estoy haciendo esta miniserie y después será cuestión de probar. La verdad es que acá trabajé más en cine y en teatro, y estaría bueno también por lo económico. Es admirable el trabajo que hacen los actores de TV, porque es como un horario de oficina, van todos los días, son un montón de horas, tienen que sostener un personaje, es otra forma de construcción y actuación, y no lo hice nunca. Las miniseries tienen otros tiempos, son más parecidas al cine, hay más tiempo para hacer las cosas, y en la televisión tenés que estar muy entrenado para no perder el hilo del personaje y por ahí tenés que parir, desmayarte, enamorarte y morir en la misma tarde, es como un gimnasio de la actuación. Tenés que poder hacer todo, estar muy entrenado y me encantaría hacer televisión acá porque hay programas muy buenos.

-Ya escribiste guiones. ¿Tenés algún tema dándote vueltas para el próximo?

Tengo dos guiones en la cabeza, lo que pasa es que no me animo a escribir sola, por ahora no me siento capaz. Muchas veces tengo imágenes antes que la historia en sí y he pensado en hacer algo con dos mujeres en un trabajo sincronizado, donde estarían contando una misma historia pero desde dos puntos de vista totalmente opuestos.

Después me gustaría hacer algo que tiene que ver con unos amigos gays que quieren adoptar un hijo y tienen muchos problemas con el tema. Es muy injusto lo que pasa con la adopción y las parejas gays. Me parece que son pequeños granitos de arena, hay que hacerse cargo de contar esas historias, el arte tiene que servir para denunciar y para hacer pensar un poco más.

-¿Tenés posibilidades de empezar a moverte por Europa o no es tan fácil?

Fácil no es, pero yo creo que si uno quiere algo y trabaja duro por eso, lo lograrás. Cuando uno tiene el interés y trabajas duro, las cosas empiezan a pasar. Más vale intentarlo y después vemos, y si no sale, es porque va a salir otra cosa, pero no hay que quedarse quieto. Hay que estar todo el tiempo haciendo cosas, porque es la única manera de mantener la llama viva, mantenerte activo.

-¿Tenés alguna proyección o preferís no imaginarte a largo plazo?

Antes me encantaba imaginarme a largo plazo, pero la vida me demostró que cuanta más expectativa tenés y más te querés imaginar el futuro, más te golpeas contra la pared. No te digo que ahora trato de vivir el aquí y el ahora, mentira, obviamente tengo ansiedades, miedos y pienso en el futuro, pero trato de estar lo más presente que puedo en el presente. Es un trabajo importante para mí porque soy muy ansiosa, entonces cada día tengo que ubicarme y decir: “acá estás hoy, haciendo esto”. Mañana no sabes.

-Y de chica, ¿cómo te imaginabas?

Me imaginaba haciendo de todo, y creo que por eso soy actriz, porque me gustaba todo: quería ser médico, periodista, bombero, gimnasta. Cuando me preguntaban qué querés ser, era una catarata de cosas que quería ser y creo que con la actuación encontré una forma de ser todo. Podés jugar a ser otras personas, que hacen otras cosas. Lo que sí me imaginaba es que a los 30 iba a ser re grande, y ahora que ya los tengo pienso que me falta tanto por hacer y organizar, que ya ni pienso en los 40 (ríe).

-Hace muchos años vi una obra de teatro en que los personajes se lamentaban por tener 30 años y no haber sido famosos a los 25. ¿Cómo te llevas con el tema de la fama o el éxito?

El éxito es un concepto muy cruel para mí. Yo nunca quise ser famosa, de verdad lo digo, nunca tuve ese deseo. Sí tenía el deseo de trabajar, y es verdad que en este trabajo, de una u otra forma, el reconocimiento hace que tengas más trabajo. Pero siempre lo viví desde el lugar de “yo me voy a poner a hacer y eso va a hacer que el trabajo salga”, y así fue. Los cortos “Lo que haría” y “Ni una sola palabra de amor” son la afirmación de eso.

El corto de María Teresa me dio un reconocimiento que no sé si lo esperaba, pero no estaba atrás de eso, yo seguí trabajando y haciendo mis cosas. Yo no sé lo que es la fama, porque no es que soy famosa, estoy empezando a tener un reconocimiento y a poder decir que tengo un proyecto para el año que viene y para el cual me llamaron, y estoy re contenta. Si eso es ser famoso, entonces es espectacular. Si es tener trabajo asegurado, genial (ríe).