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Txt: Marina Neira

Ph. Matías Sinigoi

Muchísimas veces, cayendo fácilmente en lo que indican las apariencias, le han dicho que “todo lo que toca se convierte en oro”.  Lo que seguramente pocos de los que creen esto saben, son todas las dificultades que atravesó en el camino, que no siempre fue un cuento de hadas.  Lo que sí saben quienes lo conocen, es el amor y la motivación que Federico Bonomi deposita en todos sus proyectos desde el minuto cero. Hace 20 años, con su entonces novia y hoy esposa y compañera de vida, Cynthia Kern, le dieron vida a Kosiuko. Con una inversión inicial de 600 dólares empezaron diseñando cinturones y tiradores. Su abuela hizo las primeras faldas. El resto es historia.  Hoy, Kosiuko, es la marca argentina con mayor presencia en el mercado internacional.

Amante de las motos y los autos clásicos, Bonomi tuvo su primera moto a los 13 años. “Era una Honda Express. Desde ese momento siempre tuve moto y empecé a subir de cilindrada”, recordó. Su primer auto fue un Chevrolet 47, con el que iba al colegio y arreglaba él mismo. Hoy, en Martínez, a dos cuadras de sus oficinas construyó un galpón gigante al que define como Custom Garage. El sueño del pibe.

“La Gorda” bautizó a su moto, una mítica Harley Davidson del 47 con la que recorrió Argentina; 90 días en la ruta, 23 provincias, 20 mil kilómetros. Ese viaje nació con la idea de hacer la campaña de Herencia Argentina, su marca de ropa masculina.

“Estaba con muchas ganas de hacer una marca que tuviera contenidos reales, no hacer un desfile, algo típico en la moda”, dijo. Y así, junto con un grupo de amigos que se sumaron a la propuesta generaron algo propio; “era una locura porque todas las motos eran muy viejas”.

La travesía los llevó a un colegio de San Antonio de los Cobres, en Salta al que llevaron un proyector con una pantalla gigante y exhibieron películas de distintas ciudades argentinas “para que los chicos pudieran conocer otros lugares, climas y realidades”.

El viaje se viralizó en las redes sociales y llegaron atener más de un millón de hits por etapa. Así, donaron computadoras, ventiladores, estufas, comida y ropa. “Terminamos viajando con un camión lleno de cosas y de acuerdo al lugar que visitábamos y sus necesidades, donábamos”. Los colegios eran elegidos al azar: “Íbamos por la ruta, veíamos una escuelita en el medio de la nada y parábamos”.

Para Bonomi, la Argentina es un país ideal para recorrer en moto por su diversidad de paisajes. Luego del viaje, un montón de países copiaron el formato y clubes de motos locales lo consultan para organizar viajes.

La experiencia se repitió en noviembre del año pasado, cuando realizaron un nuevo periplo. Esa vez el objetivo fue unir los océanos Atlántico y Pacífico; siempre en dos ruedas. El viaje arrancó en Uruguay, siguió por Entre Ríos, Santa Fe, Mendoza y Chile. Fue emitido por Discovery Channel con muy buena repercusión, y ya están en conversaciones para seguir generando contenidos y nuevas aventuras.

Papá de Luca, Mika, Fiona y Luigi, Bonomi tiene 47 años y todos los días, después de dejar a los chicos en el colegio a la mañana sale a correr ocho o nueve kilómetros por el bajo de San Isidro.

Siempre vivió en la zona norte del Gran Buenos Aires. Su papá es médico y su mamá, abogada. Tiene un hermano menor, Santiago.

“De la vida” son la mayoría de sus tatuajes. Los nombres de su mujer y sus hijos, viajes, amigos e historias están dibujados en su cuerpo.

Antes de fundar Kosiuko, vendió pesas para gimnasios, tuvo un taller mecánico y una pizzería y hasta se dedicó a la importación de electrónica.

Cuando le dicen que construyó un imperio no está de acuerdo. Prefiere decir: “Tengo una empresa grande, muy diversificada, que emplea en forma directa a 500 personas y a otras 2000 de manera indirecta”. Su empresa nació como una marca y hoy es “un estilo de vida; en todo estamos nosotros. Somos no tradicionales”

Fundador de la primera radio argentina sin tanda publicitaria (KSK 103.5), Bonomi también incursionó en negocios inmobiliarios, hoteleros y gastronómicos

La motivación no es económica, sino que tiene que ver con la necesidad de generar nuevos proyectos. “Cuando repaso todo lo que hice y estoy haciendo, el saldo me da alegría”.

Bonomi se define un apasionado y niega ser un workaholic. “A las 18 corto con el trabajo, me encuentro con amigos, puedo leer un libro, pasar tiempo con mi familia, leer; hacer lo que tenga ganas. Todo en su medida justa está bueno”.

Federico Bonomi ama todo lo que hace. “El amor es la energía más positiva y más fuerte del Universo. Si está bien encauzada y manejada, es infalible”. Si uno se enamora de lo que hace, la vida es alegría, asegura.  La queja le resulta totalmente destructiva y asegura: “hay que entender que todo pasa por algo”.

Sobre trabajar en pareja, opina que hay ventajas y desventajas; “no hay una receta perfecta”.

Los mejores elogios, dice, no son los premios, sino las pequeñas grandes cosas que pasan todos los días, como saludar a la gente que te reconoce con nueva onda por la calle o juntarme con mis amigos.

Las cuentas pendientes no existen en su vida. “Hice todo lo que quería hacer; no me tiré en paracaídas porque no me gusta”. Y enfatiza: “Quisiera seguir viajando porque no paro de descubrir lugares, eso es algo que no voy a dejar de hacer”.

El cuidado de los detalles es todo. “Cuando me dicen que tuve suerte no estoy de acuerdo porque cuando uno está concentrado y hace foco en lo que ama, es una consecuencia. Y tiene que ver con el esfuerzo. Mil veces me fue mal. Son los momentos oscuros y las crisis oportunidades muy valiosas para crecer”.

Lejos de ser perfecto, Bonomi asegura que a veces se queja “pero entro rápido en razón, no está en mi naturaleza. Se me el manual pero me equivoco todo el tiempo”.

Define al dinero como un instrumento de pago y asegura que está hecho para gastarse. Le gusta gastar su dinero en autos y motos, en nuevos proyectos y en ayudar a mucha gente.

Prefiere hablar de estilo y no de moda. “La moda es lo que termina teniendo aceptación en un momento determinado; mientras que el estilo es más profundo”.