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Texto: Carmen Manresa  

Fotografía: Lucila Cummins

Estilismo: Lucía Vilariño

Pocos dirían que con esa cara de chico bueno podría convertirse en un sicario silencioso, que ejecuta a sus víctimas con la frialdad que demanda el oficio, o que esos ojos azules pasarían a ser marrones para encarnar a un santiagueño analfabeto que llega a la ciudad en busca de un futuro mejor. Él se tuvo fe y se lanzó, porque a sus casi 40 años este actor cultiva la versatilidad con la seguridad que le ha dado su amplio recorrido en las tablas y la televisión. Y ahora da sus primeros pasos en el cine con estos roles protagónicos en dos filmes: “Un paraíso para los malditos”, de Alejandro Montiel, que se estrena el 7 de noviembre en las salas locales; y “El patrón: Radiografía de un crimen”, de Sebastián Schindel.

“No quería hacer cine por hacerlo, tenía ganas de elegir una película que me gustara de verdad”, dice con la misma sinceridad con que enfrenta cualquier tema que sale al ruedo. Su debut en la pantalla grande lo encuentra en un buen momento. Meses de mucho trabajo y de experiencias marcadoras, como haber compartido escena con uno de sus maestros,  Alfredo Alcón, en la obra “Final de partida”, o su paso por el teatro más comercial, con “Lluvia constante”, junto a Rodrigo de la Serna.

Y como si le faltaran proyectos, regresa a la tira diaria con “Los papis”, la nueva ficción de Telefe.  “Lo que yo siempre deseé, es donde estoy ahora”, sentencia, mientras regala bromas y risas entre foto y foto.

 

 

Al recorrer todo lo que hiciste en los últimos meses, se puede concluir que tuviste un buen año..

Fue muy bueno sobre todo por lo ecléctico. En estos últimos años siento que algo por lo que vine trabajando durante mucho tiempo, con mucho deseo y entrega, de alguna manera empezó a dar sus frutos. Cuando vine a estudiar al Conservatorio de Arte Dramático, no me gustaba nada de manera específica, me costaba poner el foco en si quería hacer teatro experimental o trabajar en los teatros oficiales, o si quería hacer televisión para tener un trayecto más comercial. Lo único que tenía claro es que siempre me gustó trabajar para la mayor cantidad de público posible, nunca me gustaron las élites y tampoco me siento cómodo cuando estoy con mucha gente con la que aparentemente pensamos igual o tenemos los mismos gustos estéticos y éticos.

Creo que este año tiene mucho que ver con esa impronta. En octubre de 2012 estaba haciendo “Sos mi hombre”, el personaje de un boxeador que me divirtió muchísimo; también hice “Lluvia constante”, una obra con Rodrigo de la Serna, con la que nos fue muy bien y además artísticamente fue muy buena. Luego hice mi primera película, “Un paraíso para los malditos”, con un gran elenco, con el director Alejandro Montiel y un guión que él quería y cuidó mucho, con una producción inmejorable, y para mí fue una gran experiencia. Luego pude concretar un placer que anhelé desde que veía a Alfredo (Alcón) como espectador, que era poder estar con él en el escenario. Ya habíamos hecho “El rey Lear”, pero me había quedado con ganas de tener más escenas y compartir más tiempo”.

Por fin llegaste a un protagónico en cine. ¿Cómo fue filmar “Un paraíso para los malditos”?

Me dieron muchas ganas de hacer este guión cuando me llegó. Mi personaje es un sicario muy particular, un tipo muy silencioso y me interesó construir ese mundo tan misterioso. Es un tipo de una gran soledad, que un día va a hacer uno de sus tantos trabajos -matar gente-, pero se da cuenta que la persona a la que mató tenía un padre que está en estado senil y lentamente se va comprometiendo con él, cuidándolo, y nace un vínculo de una manera muy inesperada. A partir de esto, mi personaje se va para otro lado y eso me pareció increíble, cómo algo cotidiano y cruel como es su trabajo, de pronto se transforma en una posibilidad de cierta salvación.

La película plantea personajes muy solos que se juntan, pero que también cargan con historias muy pesadas y hay que ver si podrán librarse de ellas. Al mismo tiempo, la historia convive con partes de mucha intimidad, con todo un contexto de thriller y acción que me pareció acertado en el guión. El tratamiento visual también merece otro capítulo, ya que el trabajo que hicieron Sol Lopatin -directora de fotografía- y Alejandro Montiel fue muy cuidado.

La vas a presentar en el Festival de Cine de Varsovia.

Sí, viajo el 15 de octubre para presentarla en la competencia. También quedó para Camerimage, que es un festival de directores de fotografía. Para mí era muy importante viajar y la verdad es que la producción de Telefé se portó muy bien, porque entendieron lo que significaba en este momento de mi vida profesional. Es la primera película que voy a presentar afuera, así que organizaron los planes de grabación para que pudiera hacerlo.

¿Y cómo te fue con “El patrón: Radiografía de un crimen”?

Fue mi segunda experiencia. De repente en un año hice dos películas, con dos protagónicos muy intensos, pasé a filmar todos los días y con personajes muy complejos.

Hay una caracterización muy particular de tu personaje.

Me gustó mucho porque es otro universo. Sebastián Schindel es un gran documentalista y ésta es su ópera prima. También me pareció muy bueno su guión, me interesó el riesgo que tomó y que me invitó a correr al hacer un protagónico que, en primera instancia, parecía muy alejado de mí. Se trata de un santiagueño analfabeto que viene a trabajar a Buenos Aires en busca de un futuro mejor y se encuentra con una ciudad que le da una paliza importante. Tiene un vínculo muy particular con su patrón y la película tiene que ver con el juicio que tuvo a raíz del conflicto que se desencadenó entre ambos. Es una película cruda y para mí haber hecho esa caracterización fue un desafío enorme: estuve estudiando la manera de hablar del personaje y trabajando en el maquillaje para que fuera real y lo sintiera cómodo, la prótesis de la dentadura, el cambio de color de ojos a marrón, me oscurecieron la tez -que se me accidentó bastante-,  y me oscurecieron el pelo.

Tenías pendiente ponerle más fuerza al cine.

Sí, lo sé. Pedro Rosón -mi manager y con quien tengo una excelente relación- hace años que venía estimulándome para hacer cine, pero yo estaba muy focalizado en el teatro y en la televisión, que me daba la posibilidad económica de trabajar en teatro. Recién ahora creo que me llegó una película que está buena, porque en cine elegía con la misma libertad, deseo y pureza que tenía en el teatro. No quería hacer cine por hacerlo, tenía ganas de elegir una película que me gustara de verdad.

Parece que la experiencia cumplió con tus expectativas…

Hoy estoy poniendo mucha energía en el cine, tengo muchas ganas de seguir conociendo directores, de seguir trabajando y formando parte del engranaje que es la película de un director y su guión. Me parece que el cine es un lugar muy sano para el actor, me gustó la experiencia de concentrarse en un personaje algunas semanas y que la película quede ahí para que empiece a trabajar el montajista con el director.

Estoy con muchas ganas de hacer camino en el cine y seguir en el teatro, tengo varios títulos para hacer en los próximos años, obras a corto y mediano plazo. También quiero continuar en la televisión, que con programas como el que estoy haciendo, “Papis”, te permite acercarte a un público que no va al cine ni al teatro, un público que se ha quedado afuera por todo el empobrecimiento cultural que hubo en nuestro país. La televisión te acerca a un sector social más amplio y eso para mí sigue siendo muy importante.

A propósito de cine, recuerdo que cuando le preguntaron a Ricardo Darín sobre su ausencia en la ceremonia del Oscar por “El secreto de sus ojos”, le restó importancia a Hollywood y a las posibilidades económicas que te abre esa industria. ¿Qué te parece eso?

Ricardo es un actor que yo respeto y admiro mucho, y se nota que él es hijo de actores. Me encanta ver sus notas o escucharlo hablar, porque se ve que aprendió y siempre lo que dice sobre la profesión es muy lúcido. Creo que nuestro trabajo está en la actuación, lo otro podes ir y jugarlo, pero saber que es un juego, no es tu trabajo.

Hace varios años que no asisto a los Martín Fierro y nadie se va a lamentar porque yo no esté. Por ejemplo, este año filmaba a las 6 AM al día siguiente y no voy a estar ahí hasta que termine, porque te saca de lo que tenés que estar concentrado. Hay momentos en los que puedes disfrutar de esos eventos y otros en los que no.

¿Y aspiras a internacionalizar tu carrera? ¿Te tienta Hollywood?

Primero, no soy muy cinéfilo. Cuando decido qué hacer en mi tiempo libre, me gusta mucho leer, los conciertos de música, el teatro y luego el cine, en ese orden. No sigo la entrega del Oscar, no sé mucho quiénes son, no me llega esa bajada de línea. Me interesa más el cine latinoamericano, estoy más atento a lo regional, a lo que tiene que ver con mi cultura. No sé qué es un super héroe que viene a salvar al mundo, aunque de repente me pueda divertir. La otra vez vi “Iron Man”, porque me gusta Robert Downey Jr., y está buenísima, pero prefiero más historias que me cuenten lo que me está pasando a mí.

Lo que yo siempre deseé, es donde estoy ahora. Nunca deseé vivir en otro país. Me gusta el teatro y los actores que tenemos, me gusta nuestra idiosincrasia, me gusta la contradicción de que hay cosas que me agradan y otras que detesto, eso me mantiene vivo. Soy hijo de argentinos, vivo de mi profesión, vivo dignamente, no necesito más de lo que tengo, estoy feliz. Para mí son referentes Alfredo (Alcón),  (Alejandro) Urdapilleta,  (Ricardo) Darín, (Luis) Brandoni, (Guillermo) Francella y (Julio) Chávez.

Para mí un actor de afuera es un actor de afuera, me da igual que sea norteamericano o francés, y lo puedo ver porque me encanta su trabajo, pero un buen trabajo de nuestros actores es distinto, siento que son míos, me da orgullo formar parte de este colectivo y espero que algún día pueda trabajar con ellos, y con algunos ya lo hice. Tampoco digo que no, si de repente cae una producción o co-producción y es un proyecto interesante, lo hago. No me pregunto tantas cosas, voy de acuerdo a cómo se va dando todo.

 

ENTRE MAESTROS

 

Imagino que hacer “Final de partida” con Alfredo Alcón debe haber sido como cursar un postgrado en actuación.

Yo aprendí mucho con él como espectador, lo iba a ver a casi todas las obras que hacía. Cuando en 2011 comenzamos a hablar sobre la posibilidad de hacer algo juntos, se entusiasmó con hacer “Final de partida” y dirigirla. No sólo fue importante actuar con él una hora y media todas las noches, sino también tener un texto como el de Beckett, que es tan complejo pero a la vez tan hondo. Mi personaje tenía algo muy sutil que había que trabajar en el escenario y que Alfredo me haya dirigido es algo que todavía me sigue emocionando. El cuidado con el que me guió, con un personaje que no es histriónico, al que todo le pasa por dentro, que está toda la obra diciendo textos muy cortitos y tenía que desarrollar todo ese mundo.

Haberme sentido seguro en el escenario con un personaje que aparentemente está tan a la intemperie desde lo interpretativo, fue un crecimiento muy grande como actor, pero sobre todo como persona. Soy celoso de los proyectos que elijo y estoy atento a dónde me voy a involucrar, pero haber asumido con naturalidad estar compartiendo ese espacio con Alfredo, para mí fue un crecimiento. Nunca estuve nervioso, nunca me pesó, porque Alfredo hace que las cosas sean muy fáciles, tiene gran capacidad de entrega y te da mucha tranquilidad. Hasta ahora no conozco otro actor que haya logrado ese nivel de pureza. Dudo que vuelva a vivir una experiencia tan intensa y maravillosa como estar en el escenario con él.

En el escenario se notaba que además te estima mucho…

Sí. Creo que la vida nos dio la oportunidad de conocernos en un momento en el que él tiene 83 años y yo casi 40, y donde lo maravilloso del encuentro es que la edad termina siendo sólo números, porque los dos compartíamos la experiencia de la misma manera. Creo que el público percibía eso, había algo en el escenario que no lo estábamos actuando, ese vínculo que lográbamos. Se notaba que teníamos mucho placer de estar juntos en el escenario, porque lo pasábamos bien, nos conocíamos mucho.

¿Con qué actriz, actor o director tenés pendiente trabajar?

Con muchos, porque creo que con cada encuentro ocurren situaciones diferentes y depende mucho del contexto, ya que hay actores que podes encontrártelos en situaciones donde no vas a tener un vínculo interesante. Los textos grandes exigen una humillación de parte de uno, que consiste en que nunca vas a llegar a la cima, y encontrarte en ese contexto con actores que vos respetas y admiras, es algo muy particular. Me pasó con Alfredo, me pasó con Patricio Contreras cuando hicimos “La vida es sueño”. Por el tipo de obras que hice, por el tipo de teatro y con los directores con los que trabajé, tuve siempre la posibilidad de estar con actores muy grosos.

Lo que aprendí en el teatro es que el trabajo del actor es permanente, no podés creerte nada. Esa sensación de logro que tenés con una obra, si es que sabes elegir con cierto desafío, se termina a la obra siguiente, porque te va a ofrecer otro campo de inseguridad. Para mí el recorrido de estos últimos años en teatro es lo que siempre soñé.

Esta misma trayectoria te ha llevado a ser nominado a varios premios, como el Martín Fierro. ¿Te pesa no haberlo ganado todavía? ¿Cuánto influye un premio en un actor?

Depende. A los Martín Fierro me han nominado como seis veces y nunca lo he ganado, pero creo que los premios tienen distintos valores. Desde ya, cuando estás ahí lo querés ganar. Disfruté mucho cuando me premiaron como actor revelación (Premio Florencio Sánchez) por “Don Chicho”, porque me dio mucho estímulo en ese momento; y los premios que obtuve por “La vida es sueño” me pusieron muy contento también, porque me gustó la experiencia que tuve y me gustó haber sido reconocido, pero no es más que eso. Si lo gano bien y si no también.

Este año estuve nominado a los Premios ACE y lo ganó Daniel Fanego; el Martín Fierro lo ganó (Leonardo) Sbaraglia. Es un placer el solo hecho de estar nominado con ese nivel de actores, después si me toca o no, no me corresponde decirlo a mí. Hay otra gente que trabaja para que existan los premios, que son los periodistas y quienes los entregan; nosotros vamos, a veces los recibimos, otras veces no, pero nuestro trabajo es actuar, no ganar premios.

¿Cómo van las grabaciones de “Los papis”?

Estoy grabando hace tres semanas y por ahora parece divertido. Después de estar un año con personajes bastante sometidos, con situaciones muy dramáticas y de mucha exigencia física y emocional, tenía ganas de volver a hacer una tira diaria, de pasarlo bien haciendo una comedia, un personaje con el cual me pueda divertir. Son cuatro padres: uno es el casado, otro separado, otro viudo y el otro tiene casi 40 años, pero se comporta como si tuviera 20, le encanta la joda, y de un día para el otro le cae un hijo que tiene 5 años y tiene que aprender a ser padre. Ése es el que yo hago.

Tenés a tu propia hija para entrenarte…

Los chicos tienen casi 6 años, son muy chiquitos, y es una edad maravillosa. Con mi hija estoy como loco y el chico con el que estoy actuando en el programa es divino. Con él vamos estableciendo el mismo vínculo que tenemos que actuar, nos vamos conociendo de a poco, igual que en el programa, y eso favorece.

¿Te preocupa el paso del rol de jovencito de la historia al de adulto? ¿Existe esa crisis entre los actores?

Puede existir según cómo vos te tomes la vida. A los 20 años me decían que era muy serio, muy solemne, y creo que ahora me siento mucho mejor por mi manera de encarar las cosas. Quizás a los 20 era un tipo que se tomaba las cosas demasiado en serio para esa edad y no rendía tanto como actuaba, o no me gustaba mucho mostrar mi físico y boludear todo el tiempo en las escenas, tenía mucho rechazo a eso.

Ahora si tienen que llamar a un actor entre 35 y 40 años para hacer un personaje, me parece que está bien, que yo crecí con esa edad y tengo la madurez para hacer esos personajes, estoy en un buen momento. Creo que los conflictos, que son la materia de nuestro trabajo, comienzan a ponerse más interesantes cuando la vida se pone más compleja y está bueno poder contar esas historias. Lo raro para mí sería hacer hoy un programa para pre-adolescentes, no lo hice nunca y no lo haría.

Por ahí, es una buena oportunidad para zafar del rótulo de galán. Da la impresión que eso siempre restara puntos a lo actoral.

Hablando de diferentes generaciones y no por compararme con ellos, sino simplemente por poner ejemplos de actores que fueron faros de su generación: Alfredo (Alcón) lo invirtió totalmente, Ricardo (Darín) también, y no veo por qué otros actores no podríamos hacerlo. En mi caso, nunca trabajé para ser galán, se me dio, me cerró en determinados momentos, y no me tiene muy atento lo que puedan rotular de mí, porque no siento que soy un producto que hay que cuidar. No elijo desde ese lugar, elijo desde mis inquietudes artísticas, actorales, que son tan eclécticas: puedo hacer una telenovela a las 2 de la tarde y después hacer una obra en el teatro. Depende del momento que estoy viviendo, no me preocupa tanto.