• scar fernandez agregadas

Oscar Fernández

“La mujer es Dios”

TEXTO Y FOTOS: Carmen Manresa

La música suena permanentemente, los videoclips rotan en una pantalla gigante y las luces de neón pintan de color la ambientación de esa usina de moda llamada Roho. Comenzó como una pequeña peluquería en el barrio de Caballito, pero un chico inquieto que llevaba en su ADN el amor por la estética y las artes le imprimió un sello particular que atrajo en manada a rockeros, modelos y devotos de aquellos “raros peinados nuevos”. 

Veinte años después, Roho es marca respetada y su maquinaria se extendió hasta Palermo, centro neurálgico desde donde su fundador baja línea en materia capilar y rubros relacionados con la imagen. Es que el chico maduró y dejó por momentos las tijeras para diseñar ropa y accesorios, asesorar a distintas marcas o a bandas como Soda Stereo e Illya Kuryaki. Y aunque hoy sus numerosas facetas creativas le restan tiempo al oficio que lo hizo conocido y respetado en el medio, Oscar mantiene incólume su misión: embellecer a la mujer. “Para mí la mujer es Dios, es la que da a luz, la que decide, la que tiene la última palabra, todo. Nosotros somos unos pobrecitos que vamos detrás de ellas todo el tiempo”, afirma sin titubear.

-Para empezar a conversar, ¿cómo te defines, peluquero o estilista?

En realidad soy como un observador participante, más que un peluquero o estilista, porque no solamente desarrollo el área de peluquería. Tengo un compromiso con la imagen que nació en la peluquería, pero mi vínculo con la estética viene desde muy chico y luego devino en el pelo porque me pareció lo más próximo. Siempre había a mano una tijera, entonces podía emular cortes de bandas de rock que me gustaban con mis compañeros del colegio.

Después me metí en el tema de peluquería también por no tener una persona que me guiara y me dijera: “Podes ser director de cine o director de arte”. Vengo de una familia muy conservadora de clase media, del barrio de Devoto, que no tenía la información para que el hijo pudiera tener otros desempeños artísticos. Empecé estudiando psicología y lo dejé porque me gustaba mucho lo que pasaba con la imagen y de ahí me fui a peluquería, pero me podría haber ido a diseño gráfico, cine, publicidad o diseño de moda. He estado en todas esas áreas: he diseñado ropa, accesorios como anteojos o botas, he hecho videoclips, he hecho tapas de discos, asesoro a marcas para sus campañas, soy director creativo en campañas de moda, es muy amplia mi labor. Creo que Roho es consecuencia de esa avidez por lo visual, ese encanto que estuvo en mí desde chiquito.

-Entonces, Roho viene a ser sólo una parte de todo lo que haces..

Con los años Roho se afianzó como una peluquería que tiene un valor estético muy importante, donde concurren un montón de artistas que tienen una avidez  por lo estético. No es casual que se hayan acercado Gustavo Cerati, Illya Kuryaki o Babasónicos; dentro del mundo de las modelos y de los actores vienen los que tienen más ambición estética. Saben que es un lugar donde se estudia la moda, tratamos de ser consecuentes con lo que pasa afuera, pero de una manera honesta y siempre muy conceptual. Hay toda una cuestión de investigación, de hecho todos los artistas con los que trabajamos tienen una credibilidad muy fuerte en lo estético.

-¿Qué rol le asignas a la estética en la vida de un artista o de una persona común?

Todo. Creo que el único criterio de un acto es su elegancia, si no hay elegancia todo se desvirtúa, se vuelve obsceno, vulgar, feo y ordinario. La imagen es lo que me conecta con el universo de la felicidad y la fantasía, puede sonar muy frívolo, pero es lo que me sucede. Hay gente que paga un pasaje para ver un partido de fútbol en Japón, que me parece aún más frívolo, pero eso en teoría es lo popular, lo bueno, lo familiar. Yo pagaría ese mismo dinero para ir a Japón a ver una muestra de arte. Nos encasillan siempre como los frívolos en vez de sensibles, porque nos gusta la moda, la imagen y todo lo que tiene que ver con este trabajo, pero ya estoy acostumbrado.

-La estética pasa por períodos de veneración total de la belleza y otros en los que feísmo vuelve a estar en vigente. ¿Cómo lo manejas en tu trabajo?

Sí, es el concepto camp del que tanto hablaba Susan Sontag. Andy Warhol hizo mucho sobre esta belleza al revés, por ejemplo, al serigrafiar veinte mil latas de sopas que eran una porquería y convertirlas en algo bello. Nosotros hemos trabajado mucho con el concepto camp, de hecho uno nuestros slogans era “Roho no está de moda”, que era como ponerse en la otra vereda, generar algo contrario a lo que estás haciendo. Me gusta generar una situación incómoda, molestar; yo no voy a hacer una campaña donde esté todo bien, luzcan todos divinos y entiendas rápido, no, te hago pensar un poco. Tenemos campañas inspiradas en Wes Anderson o en las tapas que hacía Warhol para Interview en los años 70 y 80. Todo tiene un concepto en el que tenés que desarrollar una búsqueda y la entendés una vez que la vas analizando. Lo fácil no es para nosotros.

-¿Tenías claro el concepto que querías desarrollar cuando empezaste?

No tenía nada claro. Tenía apenas 19 años, mi papá había fallecido hace pocos meses -él murió un 25 de agosto, Día del Peluquero, así que fue como un legado-, y yo estaba estudiando psicología en la UBA. Fue muy caótico todo el comienzo, no sabía hacia dónde disparar, tenía que trabajar para subsistir, tenía un montón de ideas en la cabeza, mucho entusiasmo, muchas cosas por hacer, pero no contaba con conocimientos ni herramientas, mi mundo estaba muy estéril.

Entonces empecé a trabajar en una peluquería de barrio en la que estuve como tres años, y comencé a conocer a los chicos de Babasónicos, Los Brujos, Juana La Loca y otros artistas que incursionaban en una nueva estética, un nuevo universo visual a través de la música. Palermo no existía en ese momento, así que uno tenía que armar su lugar donde pudiese. Ya tenía contacto con estos artistas, pero las dueñas de la peluquería no me dejaban llevarlos, lo veían mal. En el año 92 yo quería hacer pelos de colores, así que tuve que buscar un lugar donde me permitieran hacer esto y un conocido me dijo que estaban buscando un colorista en una peluquería de Caballito, cuyo dueño es mi actual socio. Él me dio el lugar y me dijo: “Acá podes hacer lo que quieras, mientras hagas bien las cosas y seas buen profesional”.

Cuando me cedió ese espacio me sentí con una libertad absoluta y empecé a convocar a todos los artistas. En menos de tres meses la peluquería era un centro neurálgico de información, se hacían notas para MTV o El Rayo, hubo una explosión de moda en ese lugar el año 94. En ese momento, Horacio (mi socio) me ofreció comprar el 50% del negocio, pero yo no estaba en condiciones económicas de afrontar la compra, así que me dijo: “La peluquería ya es tuya, me la pagas con trabajo”.

-Te tenía una fe ciega…

Me tuvo una fe ciega. Lo que pasa es que yo le respondía, era muy trabajador, los trabajos salían muy bien. Él vio también que venían a hacer notas desde los programas de televisión, transformé la estética de la peluquería por completo y de ahí salió Roho, que ya está cumpliendo 20 años. Era una peluquería muy pequeña, con cuatro personas trabajando, y la gente empezó a esperar en la calle. Nos tuvimos que mudar a la vuelta y con los años se sumó el local de Palermo, que tiene 6 años.

-¿Cómo se transformó en un sitio de famosos? ¿Vos los convocabas en los conciertos?

Se dio desde el primer momento. Los artistas investigan cuál es el mejor lugar para ir a atenderse, y fueron descubriendo que había uno nuevo que estaba generando situaciones de moda más osadas, más jugadas y que respondían a lo que estaba pasando afuera.

-Generaste amistad con muchos de ellos, vínculos que se extendieron en el tiempo..

Cuando ponés en tu trabajo todo el esfuerzo y la dedicación, el artista no sólo lo valora mucho sino que termina amigándose con vos desde otro lugar, piensan: “Si sos tan bueno en esto, tenés que ser buena persona también”. Así se genera amistad, como sucedió con Gustavo Cerati, Emmanuel Horvilleur, Dante Spinetta o Lolo de Miranda!, entre muchos otros artistas. Se da un vínculo muy real, arrancamos todos juntos, venimos remando en el océano de la música y el arte desde hace muchos años.

-¿Qué anécdotas recuerdas después de estos 20 años?

Hay un montón. Una vez volvíamos de una fiesta en Punta del Este con Gustavo (Cerati) y me comentó que había una posibilidad de que Soda Stereo volviera en 2007. Yo le dije: “¡Qué bueno, porque yo soy fanático de Soda Stereo!”, y me miró diciendo: “No te puedo creer, yo pensaba que no te gustaba”. Le respondí que yo tenía todos los discos y conocía absolutamente toda la carrera.

Por abril de 2007 suena el teléfono de mi casa y Gustavo me dice: “Osqui, está confirmado, vuelve Soda Stereo y quiero que seas el asesor de imagen de toda la gira”. Imagínate que de ser fan de la banda cuando chico, ahora tenía que asesorarlos. Fue muy fuerte, muy conmovedor, algo lindo de contar. A los días empezamos las reuniones y fue fabuloso, una gira por 22 países y Gustavo quiso que yo viajara con ellos porque así se iba a sentir más cómodo, como amigo y supervisando todo. Él cuidaba mucho los detalles y necesitaba a una persona de confianza que estuviera ahí, más allá de que éramos un equipo grande de personas trabajando, él tenía una cosa muy especial conmigo, porque yo sabía muy bien lo que le gustaba y lo que no. Como esta anécdota, hay muchas más.

-Imagino que el problema de salud que sufrió posteriormente Cerati te afectó mucho…

Es algo que no se puede pasar por alto. Uno está todo el tiempo compungido, angustiado y triste porque sabe que es una situación espantosa, fueron cuatro años en coma, pero tuve que ir llevándolo con el menor egoísmo. Él habría hecho lo mismo si me hubiera pasado a mí.

 

TIJERA EN MANO

 

-¿Qué importancia tiene la onda de Roho en su éxito?

Es un producto muy honesto y está hecho desde la más sincera pulsión del sentimiento por la música, el arte, la moda; no hay nada retorcido ni inventado, todo tiene que ver con una situación muy honesta. Me parece que la gente percibe eso y lo lee muy bien, ésa es la clave del éxito de Roho.

-Leí que te aburriste de cortar el pelo.

Sí, lo dije en una nota de La Nación. Tiene que ver un poco con la controversia o ese juego de ir en contra de lo que realmente está pasando. Nada más absurdo que yo diga que me cansé de cortar el pelo, si todo el mundo me conoce por ser el creador de Roho y la persona que empezó a instalar este nuevo formato de peluquería en Buenos Aires. Fue algo provocador. Lógicamente ahora son menos los espacios en los que corto el pelo, porque tengo otras obligaciones como director creativo, asesor  de marcas, etc. Mi trabajo está más dividido, pero mi eje central está acá, Roho es el disparador y el lugar por el que me conoce la gente. Roho es el epicentro desde donde despega todo.

-¿Te interesa hacer escuela en tu línea de trabajo?

Es más el interés de los chicos que mío, porque llegan correos de todas partes de Latinoamérica diciendo que Roho debería tener una escuela y formar a gente, ya que tiene un estilo muy particular para hacer peluquería. Lo evaluamos con Horacio, pero requiere de mucho trabajo, ya que estás formando y educando, debes poner todo dentro de un marco bastante prolijo y que tenga una pedagogía clara para que los pibes puedan entender muy bien lo que vos transmitís.

-¿El peluquero sigue siendo un confidente del cliente?

Sí, porque es muy íntimo el trato. La persona viene a embellecerse a la peluquería, entonces deposita mucha confianza en el otro y hay que saber cómo manejar este vínculo. Me parece que es ahí donde se genera ese lazo tan sostenido entre la clienta y el profesional, es algo histórico.

-Para las argentinas el paso por la peluquería es un ritual. ¿Cómo ves este fenómeno? ¿Es  exclusivo de este país o se repite en el otras partes?

Me parece que es algo muy argentino, más allá de que en otros países suceda. Es muy argento eso de llevar a tu peluquero a todos lados, que te acompañe acá o allá, que sea como tu confesor.

-Parece que en general la mujer argentina cuida más su estética…

Te diría que en el contexto de América Latina, en Chile le están dando un poco más de importancia a la estética ahora, pero hubo un momento en que las argentinas eran las más destacadas en cuanto a la belleza. Era muy gracioso, porque venían de cualquier parte del mundo y todos se morían por las argentinas, porque tenían un cuidado especial por su cuerpo, pies, manos, pelo o maquillaje, siempre muy atentas a todo. La argentina supo ganarse esa fama de ser una mujer muy dedicada a la belleza.

-Hay personas que le tienen fobia a la peluquería por haber sufrido desastres en sus cabezas. ¿Cómo te enfrentas a esas clientas?

Las mando al psicólogo. Cuando algo falla es un problema de comunicación entre la clienta y el profesional, están involucrados ambos, los dos tienen la culpa: la persona que no supo explicar lo que quería y el profesional que no supo recepcionar lo que le estaban pidiendo. Cuando me dicen: “Me hicieron un desastre”, yo les digo: “No, vos permitiste también que te hicieran un desastre porque no supiste explicar lo que querías”. También hay algunos casos en que los profesionales son unos animales y hacen cualquier cosa. Para mí lo mejor es que traigan una referencia, una foto, así no hay forma de pifiarla.

-Imagino que no te debes encontrar con muchas mujeres fóbicas acá…

No, por suerte, y la verdad es que con la experiencia de tantos años ya tengo muchas herramientas para manejar esas cuestiones, no hay persona que me pueda llegar a ganar en ese sentido. Cuando veo que la clienta está trasladando sus problemas al pelo, le digo “Mirá, es mejor que consultes a un terapeuta, porque estás poniendo una energía donde no la tenés que poner. Yo estoy para embellecerte”. Trato de ser muy honesto para que los dos podamos hacer algo en su cabeza que esté bueno.

-¿El pelo largo o corto en las mujeres? En Argentina es casi religión el pelo largo y rubio…

Si, lamentablemente, rubias y de pelo largo. Cuando me preguntan cuál es la tendencia, digo que la moda está muy polarizada. En los años 50, 60 y 70 las colecciones de los diseñadores y lo que se impartía en la moda iba todo por un mismo carril, pero hoy te vas a la semana de la moda de cualquier parte del mundo y cada diseñador tiene una propuesta totalmente distinta. Entonces, ya no hay una tendencia, esa palabra debería desaparecer. Cada artista de la moda decide a su manera cómo va a mostrar su colección, cómo van a ir sus modelos en la pasarela, qué va a proponer para la temporada. Tal vez se podría decir qué es lo que no se va a usar: el pelo largo en la mujer no está bueno, no debería seguir usándose; tampoco esas mechas claras que se usaban en los 90.

-¿Cómo visualizas a la mujer argentina de hoy?

Me la imagino provocadora, sensual, atrevida, tomando la posta, ocupando un lugar que siempre le costó ocupar, haciendo las actividades que antes hacía sólo el hombre, como una mujer muy protagonista. Cuando tengo que hacer la parte estética trato de darle ese marco, así que obviamente las veo más aguerridas, más comprometidas, muy sensuales. Los colores de pelo y cortes los voy inventando en el momento, veo lo que me parece que está bueno y lo impongo, porque nosotros no tratamos de copiar afuera, intentamos elaborar nuestro propio concepto.

Hay gente que dice: “Voy a viajar para ver qué puedo sacar para la campaña nueva”. Yo jamás viajé para hacer una campaña, me parece absurdo, porque sos un creador. Podes tener una inspiración, como para mí Wes Anderson, pero no puedo copiar lo que hizo Marc Jacobs este año en la pasarela.

-¿Te alimentas principalmente de las artes audiovisuales para tus campañas?

De las imágenes, que puede ser un cartel, un accidente de tránsito, el tropiezo de alguien, una pareja que se besa en la calle, una película, un artista plástico. Lo que me conmueve son las imágenes y a partir de ahí empiezo a reelaborar. Desde muy niño me conmovieron las imágenes, por eso me gusta el cine, la puesta en escena de una banda, un póster y todas situaciones que tienen que ver con eso. De este estado comienzan a surgir las ideas.

-Y la mujer es protagonista de estas imágenes.

Para mí La mujer es Dios, es la que da a luz, la que decide, la que tiene la última palabra, todo. Nosotros somos unos pobrecitos que vamos detrás de ellas todo el tiempo. ¿Para qué quiere el hombre hacer los edificios más altos del mundo? Para conseguir mujeres. Los hombres hacen todo en pos de llamar la atención de las mujeres, pero la mujer no. Las mujeres viven sus vidas y son las artesanas de su propio mundo, no dependen todo el tiempo de los hombres y menos ahora que están cada vez más independientes. La mujer no es el sexo débil, es el hombre, nosotros somos lo que nos quejamos cuando nos duele la cabeza, en cambio la mujer tiene un umbral de dolor mucho más alto. La mujer es una heroína, el hombre es un mamarracho. Desde muy chico tuve esa teoría y quizás por eso me dediqué a embellecer a la mujer.

-¿Cómo integras al hombre a tu negocio?¿Cómo ha sido la evolución de la relación hombre-peluquería?

El hombre argentino es muy machista, quiere a la mujer con pelo largo y en la casa, sirviéndolo, pendiente. En los 90 se dio un cambio muy fuerte. De a poco ese hombre fue entiendo que quería acceder también a la peluquería, hacerse las manos o un corte, quiso participar más de lo que la mujer hacía para embellecerse. Hoy puedo decir que la clientela se compone por un 60% de mujeres y un 40% de hombres. El hombre fue metiéndose de a poco, perdiendo la vergüenza y entendiendo que embellecerse sirve para seducir, para sentirse más guapo, pero vino solo, mi tarea fue siempre para la mujer.

-Ya cumpliste 20 años al mando de Roho. ¿Cómo te ves en los 20 años siguientes?

No me imagino. Me parece muy sorprendente cumplir estos 20 años, no me di cuenta cómo pasó el tiempo, cuánto hace que teníamos esa peluquería chiquita en Caballito y ahora estoy acá, con reconocimiento y valorado en el mundo de la moda. No sé cómo pasó, fue muy vertiginoso. No paré de trabajar durante estos 20 años, fue muy sacrificado, con jornadas de 12 a 14 horas diarias, incluso trabajando algunos fines de semana. No paraba, no tenía días de descanso y lo hacía con tanto entusiasmo, no me lo cuestionaba. Tenía la energía de los 20 y los 30 años, ahora llegas un poco más cansado, eliges más qué hacer.

 

-Qué suerte que descubriste tu rumbo…

Creo que uno tiene que descubrir sus dones, ver cómo puede utilizarlos en pos de pasarlo bien en la vida y saber su misión. La sensibilidad se percibe a través del tiempo, de la experiencia. Yo no sabía que podía dirigir un videoclip o asesorar a una marca para una campaña; no sabía que había un montón de cosas que podía hacer y que estaban ya incorporadas en mí; ni siquiera tuve que estudiar, ni hacer un curso de producción de moda. De repente me vi dando charlas en una universidad a los chicos que estudiaban carreras relacionadas con el mundo de la moda, el arte o la música, y yo no había pisado una universidad. Son cosas que se te aparecen y las podes dejar pasar o hacer algo, creo que son dones que vienen impresos en el ADN de cada uno.

Desde el principio Roho tuvo un romanticismo implícito, no fuimos una peluquería comercial que se vendió ni puso 12 sucursales en los shopping, cuidamos mucho nuestra esencia y por eso perduramos en el tiempo. Es muy difícil que un lugar dure 2 o 3 años de moda en Buenos Aires, es una ciudad muy hostil en ese sentido, derrumba y aniquila todo. Cumplimos 20 años y seguimos estando en boga, presentes en los medios, la gente nos sigue teniendo en cuenta y las marcas de vanguardia nos llaman para trabajar. Seguimos siendo un lugar al cual todos acuden porque necesitan que los ayudemos a generar su producto y a meterse en el mundo de la moda, y eso es muy alentador.

-Entonces, no te devoró la ciudad de la furia…

Totalmente, porque uno puede convertirse también en víctima de la situación, o verse tentado por el dinero y hacer cosas que tengan que ver con eso, más que con el arte. Sin embargo, el camino estuvo siempre muy claro, eso fue lo que impidió que nos corrompiéramos y que permitió que después de 20 años podamos seguir estando presentes para la gente. Somos unos chicos de 20 años que estamos incorruptibles y todavía tenemos mucho para seguir desarrollándonos, pero el producto está intacto, es creíble, tiene autoridad y estoy feliz por eso.