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Maricel Álvarez

Ph: Sole Allami

Txt: Esteban Ullrich

Thnks: Malba, Fundación Costantini

UNA ACTRIZ BIUTIFUL

Cuando saltó a la marquesina internacional de un día para otro con su trabajo en Biutiful de Alejandro González Iñárritu, junto a Javier Bardem, Maricel Álvarez ya contaba con muchos años de trabajo en el teatro off porteño. Luego de un breve paso por las manos de Woody Allen y llevando adelante quince años de trabajo creativo constante junto a su pareja el director Emilio García Wehbi, la actriz estrena este mes Insoladas, de Gustavo Tareto, un film realizado al calor del sol estival junto a un elenco de chicas “corridas”, como dice ella.

 

¿Qué te atrajo del proyecto Insoladas, lo conocías al director?

Lo primero que vi fue un corto y después su primer largometraje, Medianeras. No lo conocía, tenía relación con la productora, ella me lo presentó y mantuvimos una serie de entrevistas juntos, luego hice unas pruebas y él me presentó el material. Sobre todo me interesó mucho él, Gustavo, su mirada. Me gustó Medianeras, me pareció que aportaba un aire nuevo al cine argentino, en una etapa muy próspera él logra aportar una mirada particular. También su calidad como persona, en los encuentros previos que tuvimos entendí que era de una naturaleza con la que iba a poder colaborar sin reparos. Por otra parte, en cuanto a los términos estéticos y artísticos de mi propia producción, Insoladas resultaba un viaje diferente, renovador, de una imagen que temía que quedara más vinculada a cierto tipo de trabajo. Ésta es claramente una comedia, llena de color y de locura… También me gustó la idea de formar parte de un elenco de actrices muy ecléctico, ya que provenimos todas de diferentes espacios profesionales.

Parece que se insolaron de verdad, ¿no?

Yo soy aguerrida… Yo resistí, algunas compañeras no sólo del elenco sino del equipo técnico lo sufrieron un poco más. Fue duro. 22 días de corrido filmando al rayo del sol y a veces con 40 grados a la sombra. Era atravesar la experiencia. Hay algo de eso que me parece que es un valor agregado a la hora de trabajar. Todo lo que se palpe también se traduce en una expresión interesante, porque te saca de cuajo de tu realidad. Y estas chicas están muy “corridas” y eso es interesante. En un momento llegan a correrse totalmente de la aparente normalidad en la que solemos vivir, digo aparente porque todos estamos creo un poco “corridos”. Y estuvo bien que el director no hiciera concesiones, que no la filmara en un estudio, con faroles. Al rayo del sol, en una terraza de Almagro, en diciembre y en Buenos Aires.

Tu formación es como actriz y bailarina, y también sos una suerte de producto del teatro de los años noventas, en el que surgen muchas compañías que experimentaban en busca de nuevos lenguajes.

Me formé con Laura Yusem que era una directora que había tenido formación como bailarina, discípula de Ana Itelman, en el momento en el que Bartís, el Periférico de Objetos, Las Gambas al Ajillo, Urdapilleta, Tortonese eran todos un boom. O sea, también me formé como espectadora viendo a estos monstruos. Fue una época extraordinaria para vivir y para crecer en Buenos Aires.

Todos artistas que comparten la pasión por combinar lenguajes…

Sí, ellos trabajaron el cruce, cuando todavía no se hablaba de cruce, lo mismo que el Periférico, lo mismo Bartis, o sea artistas para los cuales el cruce es esencial, no se conciben a sí mismos sino como parte de un movimiento inclusivo de muchos lenguajes, la música, la danza, el movimiento, la parte visual sobre todo en sus variables más dinámicas, por eso surge el performance, que es un género que el teatro perdió para ser apropiado por las artes visuales. Todos estos artistas que menciono fueron referentes o maestros e incluso colegas, porque llegué a trabajar como actriz invitada con El Periférico de Objetos en dos espectáculos, son claramente aquellos que me guiaron durante mis años de formación y que aún hoy siguen siendo referentes claros para mí.

Con esta base, ¿cómo concebís tu propia producción artística?

Entendiendo que en cada espacio uno se desenvuelve de manera diferente, porque cada espacio tiene sus reglas y sus códigos, el espacio de producción, de creación, de trabajo y del rol que uno cumple en cada proyecto. Cuando soy actriz me gusta ponerme en manos de un director, y ser en ese sentido lo más generosa y solidaria posible con la dirección, no interferir con mi cabeza de directora o coréografa, sino estar a disposición del otro. En términos personales, creo que la actriz a mejorado a la bailarina y la bailarina ha mejorado a la actriz de una manera indiscutible. Para mí los conocimientos que me ha aportado mi formación en la danza me han convertido en un intérprete que, aunque no tenga que mover un músculo, tiene una conciencia de su aparato expresivo propia de la formación técnica que te ofrece la danza. Y cuando estoy trabajando algo más relacionado con el movimiento no puedo dejar de pensar en todo lo que aporta una formación actoral a aquello que es pura kinética, pura fisicalidad. Yo ya los considero dos lenguajes inseparables.

También te interesa la literatura, estudiaste Letras en un principio.

Terminé el secundario, hice el CBC y cursé hasta el cuarto año de la carrera, en Puán, mi orientación había sido hacia lingüística, no tanto hacia ninguna de las literaturas, pero fueron años fascinantes los de la universidad. La vida académica también me moldeó de alguna manera, pero como en simultáneo estudiaba teatro, y aunque no había una competencia entre un camino y otro, simplemente la vida y las oportunidades que se fueron presentando hicieron que tomara una decisión y me la jugara. Igual no abandoné nunca ni la lectura ni el estudio, ahora lo hago de manera más autodidacta. Pero la lectura es una gran fuente de información y de inspiración, y por eso es algo que trato de incentivar en mis talleres. Abrir un libro es una aventura de la que no se vuelve. Y además porque el teatro está muy vinculado con la literatura. El teatro es literatura dramática, el actor tiene una relación con la palabra muy fuerte y esencial diría. Y si bien mi estética o los proyectos teatrales en los que me fui involucrando fueron abandonando cada vez más esa idea del teatro “textocéntrico”, porque empecé a hacer un teatro más experimental, en donde sobre todo se busca encontrar cuáles son los puntos de ruptura. Tiene que ver con intereses personales, con que a uno lo incentiva estar en sintonía con los tiempos que corren, y no despreciando lo pasado, sino, en todo caso, usándolo como plataforma para mirar hacia el futuro. Porque de esa manera la sensación es la de que todo está por hacerse aún…

Y yendo directo a Biutiful, de Alejandro González Iñarritú, ¿Cómo llegás a la película?

Por una audición que se hizo aquí en Argentina, fui muy afortunada en poder acceder a esa audición, porque hasta entonces yo no era una actriz de las suelen audicionar para este tipo de proyectos, pero el director de casting es muy teatrero y me había visto varias veces sobre las tablas y además justo en ese momento estaba con dos espectáculos en cartel que me permitían desplegar todo mi histrión, y por eso se le ocurre convocarme. Pero era la desconocida de la lista y no fue tanto por tener mayores aptitudes que mis compañeras que quedé, sino porque mi tipo físico daba con lo que el director buscaba.

¿Sabías exactamente de qué se trataba en ese momento?

Te daban la información a cuenta gotas. Lo primero que me dijeron era que se trataba de una película de Alejandro Gonzáles Iñarritú. Yo sabía perfectamente quién era, por lo que me imaginé que no iba a ser una película pequeña, ni en un ámbito que no fuera el internacional…

¿Que trabajarías con Javier Bardem nada?

No, el protagonista me lo dijeron ya cuando me tomé el avión a España a hacer la última de una serie de audiciones. La última audición fue en conjunto con Javier y consistía justamente en una prueba de cámara. Había que ver cómo dábamos los dos en cámara y calculo que también les interesaba ver cómo nos llevábamos, que rapport había entre nosotros. Y tuvimos un vínculo inmediatamente entrañable porque Javier es una persona muy accesible y porque yo fui sin grandes expectativas, con humildad, pero no falsa humildad, sino pensando que hasta allí ya todo había sido ganancia. Hubo un encuentro de trabajo muy fuerte, una prueba de cámara con Rodrigo Prieto, el DF, y después nos fuimos a almorzar. A comer esas delicias que se comen allá. A partir de allí fue todo muy agradable.

¿No tenías tanta experiencia en cine, cómo fue la adaptación?

Sí, muy poca. Pero a ellos les seducía eso. Yo estaba muerta de miedo, pero les parecía que justamente ése era el valor agregado de tenerme a mí, porque no venía con carga de información previa. Eso lo pude entender después: al estar tan entregada a la experiencia, no tuve las neurosis propias del actor de cine, que actúa y se quiere ver, que trata de poner su mejor perfil, etc. Empecé a confiar y a seguir al pie de la letra lo que se me indicaba, sin ningún prejuicio. A veces con más información, con más experiencia, uno se vuelve más crítico de uno y su trabajo, se perdona menos y se castiga más y eso es lo que puede interferir con el trabajo, porque un director no puede lidiar con el amor propio de un actor. Para mí era como entrar en el Twilight, en el terreno de lo desconocido, entonces era una aventura. No sólo aprendí, sino que además era una película muy dura, con personajes muy sufrientes, y yo disfrutaba como una descosida, y eso también era algo muy bueno para reciclar cierta energía muy dolorosa que se generaba en el set. En ese sentido creo haber sido una buena compañera de mis colegas, aportando mucha frescura… Ellos eran como viejos lobos que se divertían con mi mirada extasiada, como la de un chico que ve por primera vez el mar.

El cine también tiene estigmatizaciones y simplificaciones como la de la actriz no linda, de carácter, etc. ¿Cómo entendés este tipo de encasillamientos?

Sí, se ha dicho, pero yo al que pone esas etiquetas le diría, definí lindo… Al mismo tiempo es una construcción a la cual uno adscribe o no, y yo soy una persona inteligente, es subestimar mi inteligencia que se crea que algo de eso me puede afectar, sobre todo cuando elegí un camino de profundo desarrollo artístico, yo no quiero vender shampoo, eso lo tengo clarísimo… Y por otra parte, esas clasificaciones demuestran la torpeza de los que las hacen porque se hizo a partir de un personaje específico que tenía que ver justamente con poner en tensión el concepto de lo bello, la película se llama Biutiful, mal escrito, por algo, porque lo que busca es poner en tensión el concepto de lo bello, por lo tanto se trata de gente que no entendió nada.

Después, como cereza del postre llegó una pequeña colaboración para Woody Allen…

Sí, conocer al maestro, entrevistarme con él, que me invitara a Roma fue suficiente para mi acerbo personal, pero la situación en el material quedó tan pequeña que a veces no lo pongo ni en el currículum. Mientras yo promocionaba Biutiful en Estados Unidos, la directora de casting me quiso conocer y luego me presentó al maestro, esas cosas no pasan dos veces en la vida, cuando Woody Allen te dice si querés formar parte del proyecto, decís que sí sin leer lo que hay que hacer. Yo lo viví con mucho agradecimiento, pero no quise hacer mucha alharaca.

En ese momento se te planteaba la posibilidad de quedarte afuera, ¿por qué volviste?

Me dije que si había llegado hasta acá sin ninguna concesión, sin sacrificar cosas que me importan mucho, por ejemplo mis afectos mi lugar de pertenencia, si hasta aquí llegué sin haber cruzado el mar, digamos… Voy a seguir viviendo de manera coherente, no voy a hacer las valijas e ir a vivir a un cuartucho a Los Ángeles. Va a sonar pedante, pero logré cierto prestigio acá y lo construí con mucho esfuerzo y no lo tiro por la borda por ir a hacer una serie de TV norteamericana para hacer además de narcotraficante latinoamericana, no, también sería un insulto a mi inteligencia y a un camino que construí con mucho amor…

Y además acá siguen las propuestas, como las de Rodrigo García y Ana Katz…

Sí, lo de Rodrigo García, es genial. Su versión del Rey Lear, con la que estamos viajando todo el tiempo. Y lo de Ana fue muy interesante también, he descubierto una gran directora de actores, disfruté muchísimo el trabajo con ella en Mi amiga del parque y tengo que mencionar a una queridísima compañera, Julieta Zylberberg, que es una actriz de excepción, pero también hay otras actrices involucradas y muy buenas. Creo que el haber filmado el año pasado con Gustavo y este año con Ana, ha reactivado mi profundo interés por seguir haciendo cine argentino. Hay mucho talento. Por supuesto que el cine también tiene sus cosas, hay que entender que uno no es un actorazo para cualquier papel en cine, por lo que no hay que ponerse ansioso, porque el cine demanda cierto verosímil, el teatro en ese sentido tiene un rango mucho más amplio en donde yo hoy, a mis cuarenta años, te podría hacer de Julieta y adaptarlo todo para que eso funcionase de puta madre y podría suceder el milagro… (risas).

Yendo a tu vida personal, hace muchos años que convivís y trabajás con tu pareja, ¿cómo funciona eso?

Sí, con Emilio García Wehbi. Nos conocimos como compañeros de trabajo y desde entonces somos pareja en la vida y en el arte, y somos inmensamente afortunados porque venimos desarrollado proyectos desde hace ya 15 años en donde hemos intercambiado roles, yo he sido directora, él actor, después él más director y yo actriz, he sido productora, coreógrafa, hemos sido codirectores, probamos todas las posiciones que se te ocurran, siguiendo una metáfora erótica… Y perdura porque entendemos que nuestra vida y nuestro trabajo está sostenido por una erótica que sentimos el uno por el otro y los dos por el trabajo, y además nos llevamos re bien, cosa que nadie puede dar crédito.

Los hijos son las obras…

Tenemos muuuchos hijos, venimos pariendo hace 15 años… No paramos de producir. Porque no sólo nos llaman para proyectos puntuales, si hicimos tanto es porque nos la pasamos autoproduciéndonos. Aprendimos juntos algo fundamental: que la vida del artista no puede ser

esperar…Cuando se entiende eso, todo lo que te venía frenando de golpe se desvanece.